
– Sí, pero no le duran, porque no parece tomárselas muy en serio. Aunque…
– Estoy preparando algo de beber… -dijo Nick en ese momento, asomando la cabeza por la puerta-. ¿Es ese el famoso vestido? -preguntó. Katie había colocado su nueva adquisición con todo mimo sobre la cama. Era un vestido de seda largo, de color gris plomo. Incluso Nick, que no sabía nada de esos asuntos, tenía que admitir que parecía estar hecho para ella -¡Vaya vestido!
– ¿Te gusta? -preguntó Katie, entusiasmada-. Es mi estilo, ¿verdad?
– Yo diría que sí -contestó él, divertido por el fervor femenino.
– ¿Me da tiempo a darme una ducha? -preguntó, entrando en el cuarto de baño sin esperar respuesta.
– Es muy simpática -dijo Patsy, sacando a Nick de la habitación-. Mucho más de lo que me habías hecho creer. «Una extraterrestre enviada a la tierra para destrozar tu vida»… venga, hombre.
– Es un disfraz para engañarte -sonrió Nick-. Por dentro es un enorme insecto con la cabeza llena de spaguetti -añadió-. ¿Has visto a Derek?
– Ha salido con una chica -contestó Patsy-. No ha dicho a qué hora iba a volver.
– Esperemos que no vuelva.
Por una vez, pensaba, el cielo parecía estar de su lado. Pero estaba equivocado. Cinco minutos más tarde, Derek abría la puerta del apartamento y cerraba de un portazo, como era su costumbre.
– Bueno, ¿dónde está la bruja? ¿Es tan horrible como antes?
– ¡Cállate! -susurró Nick, frenético.
Pero era demasiado tarde porque Katie acababa de abrir la puerta del cuarto de baño y estaba allí, mirándolos.
– ¿Por qué no juzgas por ti mismo? -preguntó, burlona.
Incluso Nick tenía que admitir que estaba arrebatadora, con una toalla alrededor de su cuerpo y el cabello suelto sobre los hombros. La toalla dejaba al descubierto gran parte de sus torneadas y perfectas piernas.
– Esto no es justo -se quejó Derek, tragando saliva-. Me habéis hecho trampa.
