
– Yo nunca he dicho…
– Sí lo has dicho. En el restaurante, prácticamente me acusaste de estar cebándome. Es que no había comido nada y estaba hambrienta -explicó, mirando a los otros dos con cara de pena.
– ¡Katie! -exclamó Nick, estupefacto.
– Nick no tiene ojo para las mujeres.
– Tú no me encuentras gorda, ¿verdad? -preguntó, dándose la vuelta para que Derek pudiera admirarla desde todos los ángulos.
– Estás perfecta -dijo él, entusiasmado.
Patsy no decía nada. Le estaba costando trabajo no lanzar una carcajada.
Irritado, Nick la tomó del brazo y la atrajo hacia él para mirarla a la cara.
– No has cambiado nada, ¿verdad? -dijo, entre dientes-. Sigues siendo tan manipuladora como siempre.
– Tienes razón, Nick. En algunos aspectos no he cambiado. No he cambiado en absoluto.
– ¿Qué quieres decir con eso?
– Ya te enterarás -sonrió Katie.
Nick la soltó, dándose cuenta de que era imposible enfadarse con ella. Nunca hasta entonces se había dado cuenta de lo aburrido que era su apartamento y quizá no podía culparla por querer alegrar un poco el ambiente con sus bromas. Pensando aquello, decidió relajarse un poco y disfrutar de la pequeña fiesta.
Capítulo 3
Nick bostezaba pensando en la cantidad de trabajo que lo esperaba al día siguiente.
– Sí, es tarde, ¿verdad? -dijo Patsy, mirando con sorpresa su reloj-. Voy a buscar a Horacio y… ¿dónde está?
Patsy estaba buscando al gato debajo del sofá y de las butacas, pero el animal parecía haberse esfumado.
– No puede haber salido del apartamento -dijo Nick-. Ya aparecerá.
En ese momento oyeron un ruido en la habitación de Katie y Patsy.
– ¡Oh, no! -exclamó ésta corriendo hacia la habitación. Nick y Katie corrieron tras ella y, al entrar, Katie lanzó un grito y Nick se tapó la cara con las manos.
Horacio estaba sobre el vestido nuevo de Katie y lo había destrozado con sus uñas.
