
– No es tu día, ¿verdad? -sonrió Derek.
Al final, la situación volvió a la normalidad. Horacio estaba en su cesta y Nick tenía que volver a intentar que todo el mundo se fuera a la cama.
– Aún no -suplicó Katie-. No me apetece irme a la cama, me apetece… -había empezado a decir. En ese momento, el teléfono empezó a sonar-. ¿Dígame? -preguntó alegremente, sin darle tiempo a Nick a contestar.
– ¿Está Nick? -oyó una voz de mujer.
– ¿De parte de quién?
– Soy Lilian. Y supongo que tú eres la pequeña Katie.
– Sí, soy la pequeña Katie -contestó ella, sonriendo de forma un poco forzada-. Nick, es Lilian.
– ¿Lilian? Hola, cariño -dijo él, tomando el auricular con alivio. Era relajante poder hablar con una mujer que no le ponía trampas y que no lo sorprendía con cosas nuevas de un segundo a otro.
– Pobre Nick. No parece que lo estés pasando bien.
– Sí, bueno. Ya te contaré.
– ¿Está siendo insoportable?
– Digamos que sí -contestó Nick, mirando a Katie de reojo.
– Supongo que no podremos vernos mientras ella esté en tu casa.
– ¿Por qué no? Estoy deseando verte. ¿Te parece bien mañana por la noche? Podríamos ir a cenar.
– Estupendo.
– ¿Por qué no te pones el vestido celeste que tanto me gusta?
– Me lo pondré si quieres.
Nick se despidió afectuosamente y después se quedó mirando a Derek, que había abierto otra botella de vino e iba a servirle una copa a Katie.
– No, gracias. Creo que me iré a la cama.
– Pero la noche es joven…
– He hecho un viaje muy largo.
– ¿Te encuentras bien? -preguntó Nick-. Hace un minuto estabas deseando que siguiera la fiesta.
– Si, pero… -empezó a decir, seria de repente-. La verdad es que estoy cansada. Buenas noches a todos.
Lilian tenía unos rasgos delicados y grandes e inteligentes ojos azules. Era una chica tranquila que sabía escuchar y, mientras Nick le contaba su historia, ella asentía dulcemente.
