
– ¡Pobrecito! ¿En qué estarían pensando para cargarte con ella?
– Bueno, supongo que es normal ser así a los veintiún años -concedió él-. Si siguiera siendo una niña sería más fácil.
– ¿Patsy no puede ayudarte?
– Patsy es su esclava de por vida después de su reacción con el gato. Incluso me ha pedido la tarde libre para ir con ella de compras.
– Pero, Nick, tienes que ser firme con esa chica. No irás a dejar que se salga con la suya todo el tiempo.
– Eso es lo que me digo a mí mismo. Pero da igual. Bueno, la verdad es que hoy se está portando bien. Le he dado una guía de Londres para que fuera de visita y ella se ha ido como un corderito -dijo él, soltando una carcajada de repente-. Fíjate que está enfadada conmigo porque le dije que solía llamarla el bichejo venenoso.
– ¿Por qué la llamabas así?
– Era una cosa de críos. Pero no se lo hubiera dicho si hubiera sabido que hablaba con ella.
– ¿Es que te hizo creer que era otra persona?
– No. En realidad, no la reconocí.
– Pero ella podía haberte dicho quien era. ¿No te parece un poco maquinador por su parte?
Nick, que se había dicho eso mismo varias veces, se encontró defendiéndola.
– No, qué va. Sólo estaba gastando una broma. Así es Katie.
– De acuerdo, no es maquinadora. ¿Es infantil?
– En cierto modo -contestó él-. Está llena de vida. Le encanta vivirlo todo, no dejar pasar las oportunidades.
– Bueno, supongo que eso nos gusta a todos.
– No, quiero decir que sigue convencida de que la vida es maravillosa -añadió él-. En cierto modo, la envidio. Debe de ser maravilloso creer en la vida de esa forma.
Lilian lanzó una carcajada incrédula.
– Nick, por favor. Los adultos sabemos que la vida es algo muy serio. Eso es precisamente lo que me gusta de ti, que sabes lo que es importante.
