El camarero les indicó una mesa y los hombres prácticamente se pelearon por apartar la silla de la chica.

– Esa chica está dando un espectáculo -observó Lilian.

– A lo mejor es una estrella de cine y esos son sus fans… -empezó a decir Nick-. No, espera, uno de ellos es Derek. Pero… ¡si es Katie!

En ese momento los hombres se apartaron y Nick pudo ver la cara sonriente de Katie, sonriendo con benevolencia a sus adoradores.

– ¿Esa es Katie? -preguntó Lilian con voz estrangulada.

– Sí. Y Derek está con ella, pero no sé quiénes son los otros. Lo mejor será que vaya…

– No vayas allí corriendo -dijo Lilian, sujetándole con tal fuerza que Nick se quedó sorprendido-. Eso es a lo que ella está acostumbrada.

– Tienes razón -sonrió él, sorprendido por la nueva actitud posesiva de Lilian. Nunca se había apretado tanto contra él mientras bailaban, ni le había pasado el brazo por el cuello de una forma tan íntima. Nick no quería acercarse a Katie, pero era Lilian la que, mientras bailaban, los llevaba hacia su mesa, un gesto que él consideraba muy atrevido-. ¿Qué te parece? -preguntó cuando Lilian había tenido la oportunidad de mirar a Katie de arriba abajo.

– Pobrecillo -dijo ella entonces-. ¿Qué vas a hacer con esa chica?

De repente, los músicos empezaron a tocar una rumba y Katie, como si no se diera cuenta de la atención que atraía, salió a la pista. Sólo tuvo que mirar a uno de sus acompañantes para que éste saltara tras ella.

Nick había ganado la batalla. Para reemplazar el vestido, Katie se había comprado un vestido de satén granate ajustado en el busto y en las caderas, que caía en varias capas hasta el suelo. Las capas de tela se movían sinuosamente mientras ella bailaba. Sus sandalias doradas eran altísimas y, sin embargo, ella bailaba con seguridad aquellos pasos complicados, como una gacela.

Nick y Lilian salieron de la pista y, poco a poco, el resto de los bailarines volvió a sus meses, reconociendo la pericia de los recién llegados. Pronto, Katie y su acompañante quedaron solos. Eran dos expertos y se movían con gracia, con ligereza, llamando la atención de todo el mundo. Katie sonreía y sus ojos semicerrados le daban una expresión ausente, elegante, mientras sus dorados pies se movían al son de la música.



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