El criado dudó, miró al interior oscurecido, y después se deslizó hacia afuera, cerrando la puerta tras él.

– Debe abandonar este lugar. Váyase ahora. – Estaba susurrando, con ojos inquietos y sus manos nudosas temblorosas. – Váyase mientras todavía pueda.

Había desesperación en sus ojos, súplica. Su voz era un simple hilillo, casi imposible de oír entre el amargo aullido del viento.

Isabella podía ver que la advertencia era genuina, y su corazón tartamudeó de miedo. ¿Ese hombre era tan terrible como para que este hombre la enviara fuera a una ventisca helada para que corriera el riesgo con la cruda naturaleza en vez de dejarla entrar en el palazzo? Donde sus ojos habían estado antes vacíos, ahora estaban llenos de trepidación. Le estudió durante un momento, intentando juzgar sus motivos. Poseía una tranquila dignidad, un orgullo feroz, pero podía oler su miedo. Rezumaba por sus poros como sudor.

La puerta se abrió sólo una grieta, no más. El sirviente se irguió. Una mujer mayor asomó su cabeza de pelo gris.

– Betto, el amo ha dicho que ella puede entrar.

El sirviente se tambaleó sólo una fracción de segundo, su mano se apoyó en el marco de la puerta para reafirmarse, pero después hizo una reverencia.

– Me ocuparé de su caballo yo mismo. – Su voz fue lacónica, sin revelar ninguna emoción en absoluto al ser atrapado en una mentira.

Isabella levantó la mirada hacia las altas paredes del castello. Era una fortaleza, nada menos. Las grandes puertas eran enormes, gruesas y pesadas. Elevó la barbilla, y cabeceó hacia el viejo.

– Grazie tanto por preocuparse tanto por mí. – Por advertirme. Las palabras no pronunciadas permanecieron entre ellos.

El hombre arqueó una ceja. Ella era claramente una aristócratica. Las mujeres como ésta raramente se fijaban en un criado. Le sorprendió que no le recriminara por su mentira. Parecía haber entendido que había sido un desesperado intento de ayudarla. De salvarla. Se inclinó de nuevo, dudando levemente antes de volverse hacia la helada tormenta, después cuadró los hombros con resignación.



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