
– Limítate a tener cuidado.
– Siempre tengo cuidado. Tengo mucho que perder estos días. -Charlie inclinó la cabeza, escuchando-. ¿Ha sido eso un trueno?
– No me sorprendería. Grace dijo que esta noche iba a llover. ¿Cómo carajo lo puede saber?
Charlie se encogió de hombros.
– Una vez me dijo que era una cuarterona de cheroqui. Tal vez lo lleve en los genes. -Hizo un gesto de despedida con la mano mientras salía del aparcamiento marcha atrás.
Robert titubeó, mirando fijamente cómo se alejaba. Charlie parecía estar conduciendo bien, y hasta su granja casi todas las carreteras eran secundarias. Le llamaría cuando hubiera tenido tiempo de llegar a casa, sólo para tranquilizarse. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia su coche.
Había sido una buena noche, y le embargaba una cálida satisfacción. Si aquello no formara parte de su trabajo, habría disfrutado de aquellas noches con Grace, Frankie y Charlie. Eran lo más parecido a una familia que había tenido nunca. Cuando aceptó aquel destino, jamás había soñado que duraría tanto, y a esas alturas, se sentiría decepcionado si se acabara.
Si es que se iba a acabar alguna vez, pensó con arrepentimiento. Se le había dicho que Grace Archer era demasiado importante para ellos como para correr ningún riesgo con su seguridad. El hecho de que a él le hubieran mantenido allí durante ocho años y en aquel inmundo pueblucho, no hacía más que confirmar ese hecho.
No es que no hubiera corrido aquel riesgo aunque ella fuera considerada menos importante por la agencia. Grace se había convertido en una misión personal. ¡Maldición!, le gustaba. Era una mujer inteligente y fuerte, y nunca dejaba que nada se interpusiera en su camino cuando iba detrás de algo.
