
Levantó la cabeza. El camión se había convertido en unos restos llameantes y ennegrecidos; el humo ascendía en espirales hacia el cielo.
Y se estaría viendo a kilómetros de distancia.
¡Muévete!
Se levantó de un salto y empezó a correr hacía el claro que se abría en lo alto de la colina.
Tardó cinco minutos en alcanzarlo, y ya estaba oyendo el rugido de vehículos detrás de él, cuando irrumpió en el claro donde se escondía el helicóptero. Donavan empezó a hacer girar los rotores en cuanto vio a Kilmer.
– ¡En marcha! -Kilmer se abalanzó hacia el asiento del pasajero-. Mantente alejado de la carretera antes de dirigirte al sur. Podrías recibir un balazo en el depósito del combustible.
– Por la explosión, pensé que te habrías ocupado de ese problema. -Donavan despegó-. ¿Granada?
Kilmer asintió con la cabeza.
– Pero puede que haya más de un camión esta vez. Lo primero que harán es comprobar la caja fuerte, y cuando vean ese humo, alertarán a todos los hombres del recinto.
– Sí, ya veo. -Donavan silbó al ver abajo, en la carretera, la columna de camiones-. Y uno de ellos tiene un lanzamisiles tierra-aire. Deberíamos largarnos de esteespacio aéreo antes de que nos localicen. ¿Lo conseguiste?
– Oh, sí. -Kilmer clavó la vista en la bolsa de terciopelo bordada y adornada con lentejuelas que colgaba de la cadena de oro que había extraído de su riñonera. Los ojos azul zafiro de los dos caballos, cuyas imágenes estaban grabadas en la bolsa, volvieron a relucir ante él. Mortales; tan bellos y tan mortales. Ese día había matado ya a siete hombres sólo para apoderarse de ellos. ¿Por qué no se sentía victorioso? Quizá porque se daba cuenta de que probablemente aquellas vidas serían sólo el principio del caos que se avecinaba-. Sí, Donavan, lo conseguí.
Tallanville, Alabama
– Háblale, Frankie -dijo Grace mientras acariciaba el hocico del caballo-. Cuando llegues al obstáculo, inclínate sobre él y dile lo que quieres que haga.
