– Y rehusará de todas las maneras -Frankie puso mala cara-. Puede que a ti te entiendan los caballos, pero yo soy un cero a la izquierda para ellos.

– Eso no lo sabes hasta que lo intentas. Darling sólo intenta imponerte su voluntad. No puedes permitir que te domine.

– Me trae sin cuidado, mamá. No tengo que ser la jefa. SI Darling fuera un teclado en lugar de un caballo, puede que quisiera imponer mi autoridad, pero yo… -Miró a Grace fijamente a la cara y suspiró-. De acuerdo, haré lo que dices. Pero me va a tirar.

– Sí lo hace, entonces cae bien, tal y como te enseñé. Y luego vuelve a montarlo. -Hizo una pausa-. ¿Es que no sabes cuánto miedo me da hacerte caer? Pero te encanta montar a caballo, y fuiste tú quien escogió participar en este espectáculo. Me trae sin cuidado si ganas o no, pero tienes que estar preparada para cualquier eventualidad.

– Lo sé. -Una sonrisa iluminó el rostro de Frankie-. Y ganaré. Mírame. -Espoleó al caballo bayo e hizo que rodeara el cercado al galope. Gritó por encima del hombro-: Pero ayudaría si le dijeras eso a Darling.

Parecía tan pequeña sobre aquel caballo, pensó Grace con angustia. Frankie iba vestida con unos vaqueros y una camisa roja a cuadros que hacía que el pelo rizado que se alborotaba por fuera del casco pareciera negro a la luz del sol. Tenía ocho años, pero siempre había sido baja para su edad y parecía más pequeña.

– Es sólo una niña, Grace. -Charlie se había acercado hasta pararse junto a ella en la valla-. No seas tan dura con ella.

– Seria dura con ella si la dejara ir por la vida sin prepararse. -Cuando vio que Frankie empezaba a acercarse al obstáculo, masculló una oración-, No puedo protegerla durante toda su vida. ¿Y si no estoy cerca? Tiene que aprender a sobrevivir.

– ¿Como aprendiste tú?

– Como aprendí yo.

Darling estaba casi encima del obstáculo.



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