El niño tenía diez años y se llamaba Paul. La cámara retrocedía un poco y se detenía para seguirlo mientras se acercaba a los arbustos y recogía la pelota. De pronto, otro muchacho aparecía por entre el follaje. Era mayor, más alto y más fuerte; tal vez de doce o trece años. Paul se detenía y le decía algo, señalándole el lugar al que había ido el balón. Y entonces, como de la nada, en la mano del chico mayor aparecía un objeto. Tocaba un botón y una enorme hoja de cuchillo surgía del mismo. Al instante siguiente, el muchacho avanzaba y hundía el cuchillo con todas sus fuerzas en el pecho de Paul. De pronto, la cámara salía en estampida hacia la escena, botando mientras avanzaba. El chico mayor levantaba la vista, sorprendido, y miraba directamente a la cámara que lo filmaba. Luego daba media vuelta y trataba de huir, pero la persona con la cámara lo cogía de la mano y le daba la vuelta. Él luchaba con todas sus fuerzas para liberarse, pero no lo conseguía. De pronto, soltaba el cuchillo y se alejaba. La cámara caía hacia atrás, al suelo, para captar en primer plano a Paul, con los ojos abiertos de par en par, yaciendo inmóvil, agonizando.

– ¡Páralo! ¡Apágalo! -gritó Kitner de pronto.

Alfred Neuss detuvo el proyector bruscamente.

Peter Kitner cerró los ojos:

– Lo siento, Alfred, lo siento. -Se tomó unos segundos para recuperarse y luego miró a Neuss-. ¿No está la policía al corriente de la existencia de esta película?

– No.

– ¿Ni del cuchillo?

– No.

– ¿Y ésta es la única copia?

– Sí.

– ¿Tienes tú el cuchillo?

– Sí, ¿quieres verlo?

– No, nunca.

Kitner apartó la mirada, pálido como la cera, los ojos perdidos. Finalmente se recompuso:

– Coge la película y el cuchillo y guárdalos en algún lugar al que sólo tengamos acceso tú y yo. Usa a quien creas necesario, a la familia si hace falta; paga el precio que sea. Pero sea cual sea el precio, asegúrate de que, en el caso de que me enfrentara a una muerte inoportuna, la policía de París, de acuerdo con los abogados que representan mi legado, tiene acceso directo e inmediato tanto al cuchillo como a la película. La manera de hacerlo la dejo en tus manos.



2 из 754