[1] y los más influentes personajes. -Agitó su maltrecho tricornio en dirección a sus oyentes y cerró los ojos-. Si los colonos resisten, a la fuerza tendrán que ganar -repitió-. Cualquier habitante de Bristol conoce a mil colonos que revolotean como murciélagos en la penumbra del ocaso. ¡La muerte del Imperio, Dick! Es el primer estertor de nuestras gargantas inglesas. Yo conozco muy bien a los colonos, y digo que ganarán.

Un extraño y siniestro sonido empezó a filtrarse desde el exterior. Era el rumor de muchas voces encolerizadas; las distorsionadas formas de los viandantes que pasaban sin prisa por delante de las ventanas de la taberna se convirtieron de repente en unas borrosas sombras de gente que corría.

– ¡Alborotadores! -Richard se levantó mientras le entregaba el niño a su mujer-. ¡Peg, sube inmediatamente con William Henry! Madre, id con ellos. -Miró al señor Thistlethwaite-. Jem, ¿queréis disparar con una en cada mano o me daréis a mí la segunda pistola?

– ¡Dejadlo correr, dejadlo correr! -Cuando Dick salió de detrás del mostrador, se pudo comprobar que era una fiel réplica de Richard, más alto que la mayoría y de robusta complexión-. Esta parte de Broad Street jamás ha visto alborotos, ni siquiera cuando vinieron los mineros de carbón de Kingswood y se llevaron al viejo Brickdale. Ni tan sólo cuando los marineros se desmandan. Cualquier cosa que esté ocurriendo, seguro que no es una rebelión. -Se encaminó hacia la puerta-. De todos modos, soy partidario de ir a ver qué ocurre -dijo, desapareciendo entre la muchedumbre que corría.

Los parroquianos del Cooper's Arms lo siguieron, incluidos Richard y Jem Thistlethwaite, con las pistolas de arzón todavía bien guardadas en los bolsillos de su gabán.

La calle era un hervidero de gente, ésta se asomaba desde las ventanas de los pisos superiores de las casas y estiraba el cuello para ver mejor; no se veía ni un solo adoquín de la calle y ni una sola laja de las nuevas aceras a ambos lados de Broad Street. Los tres hombres avanzaron en medio de la gente hacia la confluencia de Wine y Corn Street… no, no eran alborotadores. Eran unos acaudalados y sumamente enojados caballeros que no llevaban consigo ni mujeres ni niños.



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