– Ah -exclamó al final, exhibiendo una hoja informativa de Londres-. Hace siete meses y medio, señoras y señores del Cooper's Arms, se celebró un gran debate en la Cámara de los Lores, en cuyo transcurso aquel venerable anciano, William Pitt, conde de Chatham, pronunció el que se considera su mejor discurso. En defensa de los colonos. Pero no son las palabras de Chatham las que me entusiasman -añadió el señor Thistlethwaite-, son las del duque de Richmond, y cito textualmente: «¡Podéis extender el fuego y la desolación, pero eso no será un gobierno!» ¡Cuán cierto, cuán auténticamente cierto! Ahora viene el pasaje que yo considero una de las grandes verdades filosóficas, a pesar de que los lores soltaron un resoplido cuando la pronunció: «No se puede obligar a ningún pueblo a someterse a una forma de gobierno que éste no desee recibir.» -El señor Thistlethwaite miró a su alrededor, asintiendo con la cabeza-. Por eso digo que todas las batallas que ganemos de nada servirán y apenas influirán en el resultado de la guerra. Si los colonos resisten, a la fuerza tendrán que ganar. -Sus ojos parpadearon mientras doblaba el periódico, se volvía a guardar las aproximadamente veinticinco hojas en el bolsillo e introducía en él la pistola de arzón empujándola hacia dentro detrás de las hojas-. Sabes demasiado de armas, Richard, eso es lo que tienes de malo. El niño no ha sufrido ningún daño y tampoco ninguno de los presentes. -Un rugido brotó de su garganta y vibró a través de sus labios fruncidos-. Llevo viviendo en esta pestilente letrina llamada Bristol toda mi vida y he aliviado la monotonía convirtiendo algunas de nuestras enconadas llagas tories del Gobierno en el objeto de mis sátiras, desde los cuáqueros a los shakers



6 из 861