-Repasó sus notas, como si buscara la cita apropiada. La encontró, se encasquetó mejor el Stetson, adoptó una pose estoica y recitó-: No es ningún secreto que los medios de comunicación están empeñados en derribar al gobierno. Este asunto del chapero no es más que otro intento de Fleet Street de decidir la dirección del debate parlamentario. Pero si los medios de comunicación desean destruir al gobierno, se encontrarán con un oponente más que sobrado para plantar cara, desde Downing Street al palacio de Westminster, pasando por Whitehall. -Corsico cerró el cuaderno y lo embutió en el bolsillo posterior de sus gastados tejanos-. Noble sentimiento, ¿no creéis?

Luxford echó la silla hacia atrás y enlazó las manos sobre su estómago plano. Cuarenta y seis años de edad, con el cuerpo de un adolescente y una abundante masa de cabello rubio. «Hay que practicarle la eutanasia», pensó Rodney con amargura. Sería un acto de misericordia hacia sus colegas en general, y hacia Rodney en particular, impedir que siguiera deslumbrándoles con su elegancia.

– No necesitamos derribar al gobierno -dijo Luxford-. Bastará con que nos sentemos a ver cómo se derriban ellos mismos. -Acarició con aire indolente sus tirantes de seda-. ¿El señor Larnsey todavía se aferra a su versión?

– Como un percebe -contestó Corsico-. Nuestro estimado parlamentario de East Norfolk ha reiterado su anterior declaración sobre lo que él llama «mi infortunada e incomprendida presencia en un automóvil detrás de la estación de Paddington el pasado jueves por la noche». Estaba reuniendo datos para el Comité Electo sobre Consumo de Drogas y Prostitución, insiste.

– ¿Existe un Comité Electo sobre Consumo de Drogas y Prostitución? -preguntó Luxford.

– Si no existiera, ya puedes apostar a que el gobierno crearía uno de inmediato.

Luxford reclinó la cabeza sobre sus manos enlazadas e imprimió un grado más de retroceso a la butaca.



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