– Campar¡, zumo de pomelo y champán, a partes iguales.

La muchacha pelirroja y pecosa que ese día servía detrás de la barra se sentía contenta de haber aprendido algo.

– Lo hace usted maravillosamente -dije.

Ella me miró con simpatía.

– ¿Tiene usted que esperar al señor director general?

Había esperado en sitios peores, en coches, accesos a viviendas, corredores, vestíbulos de hoteles y estaciones. Allí estaba bajo estucos dorados y una galería de retratos al óleo entre los que algún día también colgaría el de Korten.

– Mi querido Selb -dijo al acercarse.

Pequeño y nervudo, con ojos azules y vigilantes, cabello canoso cortado a cepillo y la piel coriácea y morena del que hace demasiado deporte al sol. Con Richard von Weizsäcker, Yul Brynner y Herbert von Karajan en un pequeño grupo de jazz podría convertir en éxito mundial la adaptación al swing de la marcha de Badenweil.

– Siento llegar tan tarde. ¿A ti todavía te sienta bien fumar y beber? -Echó una mirada dubitativa a mi paquete de Sweet Afton-. ¡Póngame un Apollinaris! ¿Cómo te va?

– Bien. Me lo tomo con más calma, supongo que a mis sesenta y ocho años me lo puedo permitir, ya no acepto cualquier encargo, y dentro de unas semanas me voy al Egeo a navegar. Y tú, ¿todavía no has soltado el timón?

– Lo haría gustoso. Pero todavía pasará un año o dos hasta que haya otro que pueda sustituirme. Nos encontramos en una fase difícil.

– ¿Tengo que vender? -Yo pensaba en mis diez acciones de la RCW depositadas en el Badische Beamtenbank.

– No, mi querido Selb -rió-. Después de todo, para nosotros las fases difíciles son siempre una bendición. Pero a pesar de ello hay cosas que nos preocupan, a largo y a corto plazo. A causa de un problema de los inmediatos te quería ver hoy, y después llevarte con Firner. Te acuerdas de él, ¿verdad?

Me acordaba bien. Unos pocos años antes Firner había sido nombrado director, pero para mí seguía siendo el despierto asistente de Korten.



4 из 232