– Buenos días, señora Schlemihl. Soy Selb. ¿Quería hablar conmigo?

– Buenos días, señor doctor. El señor director general Korten quisiera verle. -Nadie, aparte de la señora Schlemihl, se dirige a mí llamándome «señor doctor». Desde que dejé de ser fiscal no hago uso del título; un detective privado que se ha doctorado es ridículo. Pero, como buena secretaria de dirección, la señora Schlemihl nunca ha olvidado cómo me presentó Korten en nuestro primer encuentro a principios de los años cincuenta.

– ¿De qué se trata?

– Eso se lo explicará él gustosamente mientras almuerzan en el Casino. ¿Le va bien a las doce y media?

2. EN EL SALÓN AZUL

En Mannheim y Ludwigshafen vivimos bajo la mirada de la Rheinische Chemiewerke. Esta empresa fue fundada en el año 1872, siete años después de la creación de la Badische Anilin- & Soda-Fabrik, por el profesor Demel y el asesor industrial Entzen, ambos químicos. Desde entonces la fábrica crece, crece y crece. Hoy ocupa un tercio de la superficie construida de Ludwigshafen y da empleo a casi a cien mil trabajadores. Junto con el viento, los ritmos de producción de la RCW determinan si la región ha de oler a cloro, azufre o amoníaco y dónde.

El Casino se encuentra fuera del recinto de la fábrica y goza de su propia reputación de elegancia. Además del amplio restaurante para ejecutivos intermedios hay una zona aparte para los directivos con múltiples salones que se conservan con los colores con cuya síntesis Demel y Entzen alcanzaron sus primeros éxitos. Y un bar.

Allí estaba yo todavía a la una. Me habían dicho ya al llegar que lamentablemente el señor director general vendría con un poco de retraso. Pedí el segundo aviateur.



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