—Entonces, ¿este soldado trae noticias de Nafai?

—Me llamo Smelost —se presentó el soldado, y se levantó para hablarles—. Yo vigilaba la puerta. Vi que se aproximaban dos hombres. Uno de ellos apoyó el pulgar en la pantalla y el ordenador de Basílica lo reconoció como Zdorab, el tesorero de la casa de Gaballufix.

—¿Y el otro? —preguntó Hushidh.

—Enmascarado, pero vestido como Gaballufix. Zdorab lo llamó Gaballufix y me pidió que no lo obligara a apoyar el pulgar en la pantalla. Pero yo debía hacerlo, porque habían asesinado a Roptat, y procurábamos impedir la fuga del criminal. Nos habían dicho que Nafai, hijo menor de Rasa, era el culpable. Fue Gaballufix quien lo denunció.

—¿Ordenaste a Gaballufix que apoyara el pulgar en la pantalla? —preguntó Luet.

—Él se me acercó y me habló al oído, diciendo: «¿Y si quien hizo esta falsa acusación fuera el asesino?» Bien, algunos pensábamos eso… que Gaballufix acusaba a Nafai de haber matado a Roptat para ocultar su propia culpa. Este soldado, el que Zdorab llamaba Gaballufix, apoyó el pulgar en la pantalla y el ordenador mostró el nombre de Nafai.

—¿Qué hiciste entonces? —preguntó Luet.

—Violé mi juramento y desobedecí mis órdenes. Borré el nombre y lo dejé pasar. Creía que era inocente de matar a Roptat. Pero su salida quedó registrada, y también que yo le dejé ir sabiendo quién era. No le di importancia. Gaballufix había hecho la denuncia, y el tesorero de Gaballufix acompañaba al muchacho. Pensé que Gaballufix no podría protestar si su hombre estaba involucrado. Lo peor que podría ocurrir-me sería perder el puesto.

—Lo habrías dejado pasar de cualquier modo —dijo Hushidh—. Aunque el hombre de Gaballufix no le hubiera acompañado.

Smelost la miró un instante y sonrió a medias.



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