
—Lloro por su viuda —dijo Luet—, pero me alegro por la ciudad.
Hushidh estudió al soldado.
—Creo que este hombre no te ha traído la noticia.
—No —admitió Rasa—. Fue Rashgallivak quien me informó sobre la muerte de Gaballufix. Parece que Rashgallivak ha sido designado… el nuevo Wetchik.
Luet sabía que era un golpe devastador. Volemak, esposo de Rasa, ex Wetchik, ya no poseía propiedades ni derechos, ni el menor ascendiente en el clan Palwashantu. Y Rashgallivak, que había sido su mayordomo de confianza, ahora lo sustituía. ¿Acaso no había honor en el mundo?
—¿Cuándo obtuvo Rashgallivak este honor?
—Antes de la muerte de Gaballufix… Gab lo designó, y sin duda lo hizo de buen grado. Hay cierta justicia en el hecho de que Rash esté ahora al frente del clan Palwashantu, ocupando además el lugar de Gab. Rash asciende deprisa en este mundo, mientras otros caen. Roptat también ha muerto esta noche.
—No —jadeó Hushidh.
Roptat había sido el jefe del partido favorable a Gorayni, el grupo que intentaba impedir que Basílica participara en la inminente guerra entre Gorayni y Potokgavan. Con su muerte, quedaban pocas posibilidades de paz.
—Sí, los dos han muerto esta noche —dijo Rasa—. Los cabecillas de los dos partidos que han dividido la ciudad. Pero esto no es lo peor. Se rumorea que mi hijo Nafai es el asesino de ambos.
—No es cierto —dijo Luet—. No es posible.
—Eso pensé —asintió Rasa—. No os he despertado a causa del rumor.
Ahora Luet comprendía plenamente la agitación que se reflejaba en el semblante de Rasa. Nafai era el orgullo de Tía Rasa, un joven brillante. Además, Nafai también estaba íntimamente ligado con el Alma Suprema. Sus vicisitudes no sólo eran importantes para quienes le amaban, sino para la ciudad, tal vez para el mundo.
