¿Le bastarían las mentes humanas? Ningún ordenador poseía la genial anti-organización del cerebro humano. Los humanos tomaban asombros as decisiones basadas en datos fragmentarios, porque su cerebro los recombinaba de modos extraños y certeros. Sin duda era posible hallar en ellos alguna sabiduría.

Y aunque no fuera así, valía la pena intentarlo.

El ordenador maestro utilizó sus satélites para proyectar imágenes en la mente de los humanos más receptivos a sus transmisiones. Las imágenes que proyectaba el ordenador maestro comenzaron a introducirse en la memoria de esos humanos, obligando a sus mentes a afrontarlas, a concatenarlas, a infundirles sentido. A crear con las imágenes esos extraños y vigorosos relatos que ellos llamaban sueños. Tal vez en los siguientes días, en las siguientes semanas, aflorase en sus sueños alguna asociación o intuición que permitiera al ordenador maestro seleccionar a los mejores del planeta Armonía para llevarlos a su hogar, la Tierra.

Durante años los he guiado y enseñado, los he modelado y protegido. Ahora, al final de mi vida, ¿están preparados para guiarme y enseñarme, para modelarme y protegerme? Es improbable. Tan improbable que quizá deba decidir por mi cuenta. Y cuando decida, sin duda me equivocaré. Tal vez no deba actuar. Tal vez no deba actuar en absoluto. No lo haré. Pero debo hacerlo.

Espera.

Espera.

Una vez más, espera…

1. TRAICIÓN

EL SUEÑO DEL GENERAL

El general Vozmuzhalnoy Vozmozhno despertó sudando y gimiendo. Abrió los ojos, extendió la mano agarrotada. Otra mano se la cogió, se la sostuvo.

Una mano de hombre. Era el general Plodorodnuy. Su lugarteniente de confianza. Su amigo más querido. Su corazón más entrañable.

—Estabas soñando, Moozh. —Sólo Plod se atrevía a usar ese apodo delante de él.



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