
Narraway asintió muy despacio, sin dejar de mirar a Pitt.
– Un hombre nuevo, un tal Aubrey Serracold.
Pitt hizo la pregunta más obvia.
– ¿Es del Círculo Interior y se retirará en el último momento, o perderá las elecciones de algún otro modo?
– No -respondió Narraway con certeza, pero no explicó cómo lo sabía. Si contaba con fuentes dentro del Círculo, no las había revelado ni a sus propios hombres. Pitt no esperaba menos de él-. Si supiera cuáles son sus intenciones, no necesitaría que se quedara usted en Londres para vigilar -continuó Narraway-. Despedirle a usted de Bow Street tal vez haya sido una de las mayores equivocaciones del Círculo.
Era un recordatorio del poder del Círculo Interior y de la injusticia cometida contra Pitt. Le centellearon los ojos dando a entender que sabía muy bien de qué hablaba y no hizo nada por ocultarlo. Ambos sabían que no era necesario.
– ¡Pero yo no puedo influir en la votación! -exclamó Pitt con amargura. Ya no era un argumento para defender sus vacaciones y el tiempo que tenía previsto pasar con Charlotte y los niños; se trataba de la impotencia ante un problema irresoluble. No sabía por dónde empezar siquiera, y no digamos cómo obtener resultados.
– No -coincidió Narraway-. Si quisiera que se hiciera algo así, cuento con hombres mejor preparados que usted.
– Y eso no le haría más bien que a Voisey -dijo Pitt con frialdad.
Narraway suspiró y adoptó una postura más cómoda.
– Es usted un ingenuo, Pitt, pero ya lo sabía. Trabajo con las herramientas que tengo y no pretendo serrar madera con un destornillador. Usted se limitará a observar y escuchar. Averiguará cuáles son las herramientas de Voisey y cómo las utiliza. Averiguará los puntos flacos de Serracold y cómo pueden explotarse. Y si contamos con la suerte de que Voisey tiene sus puntos débiles a la vista, descubrirá cuáles son y me informará inmediatamente. -Tomó aire y lo expulsó muy despacio-. Lo que yo decida hacer con él no es asunto suyo. ¡Quiero que lo entienda bien, Pitt! No voy a permitir que ejercite su conciencia a costa de los hombres y mujeres de este país. Usted solo conoce una parte de todo este asunto y no está en situación de hacer grandes juicios morales. -En sus ojos y en su boca no había el menor rastro de humor.
