
Pitt se contuvo antes de soltar una respuesta displicente. Lo que Narraway le pedía le parecía imposible. ¿Tenía idea del verdadero poder del Círculo Interior? Era una sociedad secreta de hombres que habían jurado apoyarse mutuamente por encima de todos los intereses o lealtades. Se organizaban en células; ninguno sabía la identidad de más de un puñado de miembros, pero obedecían a las exigencias del Círculo. No sabía de ningún caso en que un miembro hubiera traicionado a otro denunciándolo al mundo exterior. La justicia interna era inmediata y mortal; era aún más letal porque nadie sabía quién más pertenecía al Círculo. Podía tratarse de tu superior o un oficinista a quien apenas prestabas atención. Podía tratarse de tu médico, el director de tu banco o hasta tu clérigo. Lo único que sabías con seguridad era que no se trataba de tu mujer. A ninguna mujer se le permitía tomar parte o tener conocimiento de él.
– Sé que el escaño es liberal -continuó Narraway-, pero el clima político se está volviendo extremista en estos momentos. Los socialistas no solo son bulliciosos, sino que están haciendo verdaderos progresos en determinadas áreas.
– Ha dicho que Voisey va a presentarse como candidato conservador -señaló Pitt-. ¿Por qué?
– Porque habrá un contragolpe conservador -replicó Narraway-. Si los socialistas van lo bastante lejos y cometen errores, entonces los tories podrían instalarse en el poder mucho tiempo, el suficiente para que Voisey se convierta en lord canciller. Incluso algún día en primer ministro.
La idea era desagradable, y sin duda demasiado real para ser descartada. Rechazarla calificándola de rocambolesca equivalía a entregar a Voisey el arma definitiva.
