
Pitt parecía ligeramente sorprendido.
– No lo creo. Pero hace años que es liberal y, según la opinión general, Gladstone saldrá elegido, aunque por un estrecho margen. ¡No me habrá llamado tres semanas antes de que me incorpore para decirme eso!
– No exactamente.
– ¡Ni siquiera aproximadamente!
– ¡Siéntese! -ordenó Narraway con rabia contenida, haciendo que su voz cayera como un mazazo.
Pitt se sentó por efecto de la sorpresa más que de la obediencia.
– Manejó muy bien el asunto de Whitechapel -dijo Narraway con voz baja y serena, recostándose de nuevo y cruzando las piernas-. Tiene coraje, imaginación e iniciativa. Hasta tiene moral. Derrotó al Círculo Interior ante los tribunales, aunque es posible que se lo hubiera pensado dos veces de haber sabido contra quién luchaba. Es un buen detective, el mejor que tengo. ¡Que Dios me asista! -continuó-. La mayoría de mis hombres están más acostumbrados a tratar con explosivos y atentados. Hizo bien al derrotar a Voisey, pero al darle la vuelta al asesinato y hacer que le concedieran el título de sir por haber salvado el trono fue genial. La perfecta venganza. Algunos de sus amigos republicanos lo consideran ahora un architraidor a la causa. -Esbozó una sonrisa-. Ese hombre iba a ser su futuro presidente, y ahora hay quienes no le permitirían ni pegar sellos.
Aquel debería haber sido el elogio más grande posible, y sin embargo, al observar la mirada fija y sombría de Narraway, Pitt solo fue consciente del peligro.
– Jamás le perdonará -observó Narraway con tanta tranquilidad como si solo hubiera comentado la hora que era.
A Pitt se le hizo un nudo en la garganta, de modo que su respuesta sonó áspera.
– Lo sé. Nunca he creído que lo haría. Pero usted también me dijo al final del caso que su venganza no se limitaría a algo tan sencillo como la violencia física. -Tenía las manos rígidas y el cuerpo frío, pero no estaba preocupado por él, sino por Charlotte y los niños.
