Durante dos semanas el ordenador maestro escrutó su vasta base de datos, evaluando la utilidad potencial de cada ser humano viviente. La mayoría eran demasiado estúpidos u obtusos; entre los que aún podían recibir mensajes directos del ordenador maestro, sólo algunos estaban en condiciones de hacer lo necesario.

Así que el ordenador maestro concentró su atención en un puñado de seres humanos de la antigua ciudad de Basílica. En la oscuridad de la noche, uno de los satélites mejor conservados del ordenador maestro inició su labor. Mientras surcaba el firmamento, envió un haz de datos e instrucciones a quienes pudieran contribuir a salvar el mundo llamado Armonía.

1. EN CASA DE PADRE

Nafai despertó antes del alba en su estera, en casa de su padre. Ya no podía dormir en casa de su madre, pues había cumplido catorce años. Ninguna mujer respetable de Basílica habría permitido que su hija sirviera en casa de Rasa si allí residía un chico de catorce. Para colmo, desde los doce años Nafai crecía sin cesar y no daba indicios de detenerse, aunque ya se acercaba a los dos metros de altura.

El día anterior había oído que su madre comentaba el caso con su amiga Dhelembuvex.

—La gente empieza a preguntarse cuándo le buscarás una instructora —dijo Dhel.

—Es sólo un niño —respondió Madre. Dhel rió a carcajadas.

—Querida Rasa, ¿tanto temes envejecer que te niegas a admitir que tu bebé ya es un hombre?

—No es temor a la edad. Habrá tiempo suficiente para instructoras, amigas y demás monsergas cuando comience a interesarse por ello.



3 из 269