
—Estúpido —dijo ella.
Padre enarcó una ceja. Para alivio de Nafai, al fin estaba notando que Luet era irrespetuosa.
—Te sentiste estúpido —repitió ella—. Así supiste que lo que habías dicho estaba mal.
—Sí, supongo que sí.
—¿Qué es esto? —dijo Issib—. ¿Analizar tu análisis del análisis de una alucinación totalmente objetiva?
Bien hecho Issya, dijo Nafai para sus adentros. Me has quitado las palabras de la boca.
—Podemos seguir con esto toda la mañana, pero sólo acumuláis sentidos encima de una experiencia absurda. Los sueños son sólo imágenes aleatorias de recuerdos, que el cerebro luego interpreta para inventar conexiones causales, elaborando historias a partir de nada.
Padre miró a Issib un instante, sacudió la cabeza.
—Tienes razón, desde luego —convino—. Aunque yo estaba despierto y jamás he sufrido una alucinación, sólo fue la activación aleatoria de las sinapsis de mi cerebro.
Nafai supo, al igual que Issib y Madre, que Padre estaba siendo irónico, que le estaba diciendo a Issib que su visión del fuego en la roca era mucho más que un mero sueño. Pero Luet no conocía a Padre, así que ella pensó que se estaba retractando de su misticismo para replegarse hacia la realidad.
—Te equivocas —dijo—. Era una verdadera visión, porque se te presentó del modo correcto. La comprensión precedió a la visión… por eso te hice esas preguntas. El sentido es intrínseco, y luego tu cerebro aporta las imágenes para permitir que lo comprendas. Así es como nos habla el Alma Suprema.
—Como les habla a los locos, querrás decir —objetó Nafai.
Se arrepintió de inmediato, pero ya era demasiado tarde.
—¿Locos como yo? —preguntó Padre.
—Y te aseguro que Luet es tan cuerda como tú —añadió Madre.
