En pocas horas el valle quedó transformado en un lago. Mucho tiempo después los ancianos del país contarían que era la belleza del paisaje la que había incitado a Fifí a permanecer en aquel lugar durante dos días. Dos largos días que provocaron la muerte de mil hombres, mujeres y niños, dejando casi seiscientas mil personas sin hogar y sin comida. En cuarenta y ocho horas este pequeño país, del tamaño del estado de Nueva York, encajonado entre Nicaragua, Guatemala y El Salvador, fue asolado por una fuerza equivalente a la de tres bombas atómicas.


– Susan, ¿cuánto tiempo piensas estar en el extranjero?

– Ahora debo irme, ya embarco. ¿Prefieres quedarte aquí?

Él se levantó sin responder y dejó un dólar sobre la mesa. Al entrar en el pasillo, ella pegó su cara al ojo de buey de la puerta y contempló las sillas vacías en las que se habían sentado. En un último combate contra la emoción que la embargaba en aquel momento, comenzó a hablar tan deprisa como pudo.

– Cuando vuelva dentro de dos años, me esperarás aquí; nos encontraremos como furtivos. Yo te contaré todo lo que he hecho y tú harás lo mismo, y nos sentaremos a la misma mesa, pues será la nuestra. Y si llego a ser una Florence Nightingale de los tiempos modernos y tú te conviertes en un gran pintor, algún día colocarán aquí una pequeña placa de cobre con nuestros nombres.

En la puerta de embarque ella le explicó que no se daría la vuelta; no quería ver su cara triste y prefería llevarse el recuerdo de su sonrisa. Tampoco deseaba pensar en la ausencia de sus padres, razón por la que los de Philip no habían acudido al aeropuerto. Él la abrazó y le susurró: «Cuídate mucho». Ella estrechó su cabeza contra el pecho del joven, como si quisiera llevarse consigo un poco de su olor y dejarle parte del suyo. Entregó su billete a la azafata, besó a Philip una última vez, respiró a pleno pulmón e hinchó las mejillas para dejarle a modo de última imagen una mueca de payaso. Después bajó a toda velocidad los escalones que conducían a la pista, corrió por el camino balizado por los agentes, subió por la escalerilla y se metió en el aparato.



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