¿Cuánto tiempo habrá de pasar para que nos demos cuenta de esta evidencia? Philip, a ti te puedo confesar este extraño sentimiento: en medio de tanta muerte, siento como jamás lo había sentido que estoy viva. Alguna cosa ha cambiado. Para mí vivir ya no es un derecho, se ha convertido en un privilegio. Te quiero mucho, Philip.


25 de octubre

Susan:

Esta semana, en el momento en que recibía tu primera carta, han aparecido en la prensa varios reportajes que narran el horror en el que te encuentras. Los periódicos hablan de diez mil muertos. Pienso constantemente en ti e imagino lo que estás viviendo. Hablo de ti a todo el mundo y todos me hablan de ti. En el Montclair Times de ayer un periodista publicó un artículo sobre la ayuda humanitaria que nuestro país ha enviado a Honduras y termina su escrito nombrándote. Lo he recortado y te lo envío junto con la carta. Todo el mundo me pide noticias tuyas, lo cual no hace sino recordarme que no estás a mi lado. ¡Cómo te echo de menos! Han comenzado las clases, busco una vivienda que esté cerca de la facultad. He encontrado un pequeño taller de artista a reformar en un edificio de tres plantas que se encuentra en Broome Street. Les he dado mis referencias. El barrio también está en un estado lamentable, pero el estudio es grande y el alquiler es verdaderamente asequible. Además, imagínate: ¡Vivir en Manhattan! Cuando vuelvas estaremos tan sólo a unas pocas manzanas del Film Forum, ¿te acuerdas? ¡Casi no lo puedo creer!

En el escaparate del bar de enfrente hay una pequeña bandera de Honduras. Mientras espero a que vuelvas, pasaré todos los días por delante de ella. Es una señal. Cuídate mucho. Te añoro.

Philip

Las cartas de Susan le llegaban al ritmo de una por semana. Él respondía la misma noche.



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