Había sido tomada mediante una pequeña cámara al extremo de un tubo largo y flexible, en una rectoscopia. Mostraba una mucosa rosada y húmeda que parecía el interior deforme, impensable, de un sexo de mujer. El tumor era negro, con los bordes deshilachados. No había transición, no había un oscurecimiento progresivo que llevara a ese abrupto cambio de color. Al contrario, un reborde violentamente rojo, como el que podría haber hecho un chico con un marcador para separar claramente la figura del fondo, delineaba sus límites -se hacía necesario recordar que esa enérgica frontera no servía para detener su avance- y era el único elemento en la fotografía que hacía pensar en el dolor.

Prendí el televisor para sumergirme en un mundo brillante que transformara la imagen fija en mi retina en un baile de luces y sombras. Ésa es la teoría: un clavo saca otro clavo, una imagen se borra con otra imagen, una mujer se olvida con otra mujer.

Con el control remoto en la mano, cerré los ojos para elegir al azar y me propuse quedarme allí donde el azar me lo marcara. No quería dejarme llevar por esa impaciencia loca que nos hace cambiar de un canal al otro en busca de algo imposible y maravilloso, algo que no existe, algo tan improbable como la Fuente de la Juventud, o la Ciudad del Oro, en busca del entretenimiento supremo, el Nirvana, la pérdida del yo, búsqueda sin ilusiones que nos hace apagar el aparato convencidos de que no hay nada, absolutamente nada entre los cientos de posibilidades que se nos ofrecen, que merezca el esfuerzo de nuestra atención, de nuestra intención.

Si en lugar de someterme voluntariamente al azar hubiera decidido elegir, me habría quedado mirando las entrevistas de Sandy Bell, ese travestí ingenioso que tomó su nombre de un dibujo animado y que a veces logra interesarme. Pero el azar me destinó el programa semanal del presidente. Fue una distracción y un alivio.

El pobre hombre, su gabinete, la gente de su partido, se esforzaban por atraer la volátil atención de los espectadores y votantes combinando periodismo inteligente con números musicales y habilidades de comediantes.



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