PRIMERA PARTE

1

– ¿Y ahora qué pasa, eh?

Estábamos yo, Alex, y mis tres

Teníamos los bolsillos llenos de

Los cuatro estábamos vestidos a la última moda, que en esos tiempos era un par de pantalones de malla negra muy ajustada, y el viejo molde de la jalea, como le decíamos entonces, bien apretado a la entrepierna, bajo la nalga, cosa de protegerlo, y además con una especie de dibujo que se podía videar bastante bien si le daba cierta luz; el mío era una araña, Pete tenía una

– ¿Y ahora qué pasa, eh?

Había tres

– ¿Y ahora qué pasa, eh?

El

– ¿Y ahora qué pasa, eh?

El estéreo funcionaba, y uno se hacía la idea de que la golosa del cantante volaba de una punta a la otra del bar, remontaba hasta el techo y volvía a caer y zumbaba de pared a pared. Era Berti Laski aullando una antigualla realmente

– ¿Adónde vamos? -dijo Georgie.

– A caminar un poco -le contesté- y a videar qué pasa, oh hermanitos míos.

Así que nos largamos a la gran noche invernal y descendimos por el bulevar Marghanita, y luego doblamos entrando en la avenida Boothby, y allí encontramos justo lo que buscábamos, una broma

Parecía un

– Veo que llevas unos libros bajo el brazo, hermano. Realmente, es un placer raro en estos tiempos tropezar con alguien que todavía lee, hermano.

– Oh -dijo, todo agitado-. ¿De veras? Ah, comprendo. -Y siguió mirándonos, y se encontraba en medio de un grupo muy sonriente y cortés.

– Sí -añadí-. Me interesaría mucho, hermano, que tuvieras la amabilidad de dejarme ver qué son esos libros que llevas bajo el brazo. Un libro bueno y limpio, hermano, es la cosa más linda del mundo.

– Limpio -repitió-. Limpio, ¿eh? -Y entonces Pete le



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