– Pero -quiso replicar-, pero, pero…

– Aquí -dijo Georgie- hay algo que me parece una verdadera porquería. Aquí veo un

– Oh -dijo el pobre Lerdo,

– Un viejo como tú, hermano -dije, y empecé a destrozar el libro que me había tocado, y los otros hicieron lo propio con los suyos, el Lerdo y Pete a los tirones con El sistema romboédrico. El

– Viejo

Ahora había que hacer una buena acción, que era un modo de gastar un poco de dinero, cosa de tener más de un incentivo para

– Sírvales a esas pobres

– Uno se siente realmente

– Era un grandísimo hijo de puta -decía el Lerdo. No me gustó el aspecto del Lerdo; estaba sucio y desarreglado, como un

– No salimos de aquí, ¿verdad? Todo el tiempo estuvimos aquí, ¿no es cierto?

Todas pescaron

– De veras, muchachos. Claro que los vimos siempre ahí. Dios los bendiga, chicos -y seguían dándole al trago.

En realidad, no es que importara demasiado. Pasó una media hora antes de que los

– ¿Saben algo de lo que pasó esta noche en la tienda de Slouse?

– ¿Nosotros? -pregunté, haciéndome el inocente-. Caramba, ¿qué pasó?

– Robo y golpes. Dos hospitalizados. ¿Dónde estuvieron esta noche?

– No me hablen en ese tono asqueroso -dije-. No me interesan esas repugnantes insinuaciones. Todo esto revela una naturaleza muy suspicaz, hermanitos míos.

– Estuvieron aquí toda la noche, muchachos -empezaron a

– No hacíamos más que preguntar -dijo el otro militso joven-. Tenemos que hacer nuestro trabajo como cualquiera. -Pero antes de marcharse nos echaron una desagradable mirada de advertencia. Cuando se alejaban les propinamos un musical pedorreo con los labios. Pero me sentí un poco decepcionado; en realidad, no había contra qué pelear en serio. Todo parecía tan fácil como un bésame los



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