Colleen McCullough


La nueva vida de Miss Bennet

Título original: The Independence of Miss Mary Bennet

Capítulo 1

Las últimas luces del atardecer derramaron un manto dorado sobre los esqueletos de los arbustos y árboles que salpicaban los jardines de Shelby Manor; unas diminutas volutas de humo, difuminadas en sus bordes, se elevaban perezosas desde las cenizas de una fogata encendida con el fin de quemar las últimas hojas otoñales, y en algún lugar cercano un pájaro que había decidido quedarse a pasar el invierno se entretenía parloteando una sonata nocturna poco melodiosa en los últimos días del otoño. Observando el atardecer desde su sitio habitual, en el alféizar de la ventana, Mary sintió una punzada en el corazón frente a aquel esplendor azul y dorado, que muy pronto no sería más que un recuerdo apilado en el interior de los espacios vacíos de su mente. «¿Durante cuánto tiempo más? Oh, ¿durante cuánto tiempo más…?».

Se oyó el traqueteo y el tintineo de la bandeja de té cuando Martha entró en la estancia; la dejó cuidadosamente en la mesita baja que había junto a la butaca en la que la señora de Shelby Manor se encontraba dormitando. Mary suspiró, se apartó de la ventana y volvió a su silla, colocando una de aquellas delicadas tazas en su frágil platillo. ¡Qué suerte tenían de contar aún con el viejo señor Jenkins! Todavía se las arreglaba para sacar algún pepino de las tierras. ¡Y qué suerte que a mamá aún le gustaran las rodajas de pepino sobre sus tostadas de pan con mantequilla! Se despertaría para ver los dulces dispuestos sobre la blonda de puntillas, y no le importaría que el pastel estuviera hecho desde hacía tres días.

– Mamá, el té -dijo Mary.

Envuelto en chales y pañuelos, aquel cuerpecillo redondo dio un respingo; la pequeña carilla redonda se arrugó con gesto fruncido, malhumorada porque la habían despertado. Entonces se abrieron aquellos apagados ojos azules, vieron el pepino sobre su tostada de pan con mantequilla y se atisbaron los primeros rasgos de cierta alegría… Pero no antes de proferir la queja de todos los días.



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