Carver lo había salvado, pero, después de cuatro años, Stone estaba demasiado cerca y a veces no soportaba esa proximidad. Freddy se tomaba excesivas libertades, como entrar y sentarse sin permiso.

– ¿En serio? -dijo Carver colocando intencionalmente una nota de incredulidad en sus palabras.

– Prometiste que podría elegir a la siguiente, ¿recuerdas? -respondió Stone.

Carver había hecho la promesa, pero solo en el fervor del momento. Cuando estaban en la autovía 10, saliendo de la playa de Santa Mónica con las ventanas abiertas y el aire de mar soplando en sus caras. Todavía estaba de subidón y le dijo estúpidamente a su joven discípulo que podría elegir a la siguiente.

Ahora tendría que cambiar eso. Solo quería volver a vigilar a Geneva, quizá captar el cambio del tampón en el lavabo y dejar ese inconveniente para más tarde.

– ¿Nunca te cansas de esa canción? -preguntó Stone.

– ¿Qué?

Carver se dio cuenta de que había empezado a tararear otra vez mientras pensaba en Geneva. Avergonzado, trató de cambiar de tema.

– ¿A quién has encontrado? -preguntó.

Stone sonrió de oreja a oreja y negó con la cabeza como si apenas pudiera creer su buena suerte.

– La chica tiene su propio sitio porno. Te enviaré el enlace para que puedas comprobarlo, pero te va a gustar. He mirado sus declaraciones de renta: el año pasado declaró doscientos ochenta mil solo de gente que pagaba veinticinco dólares al mes para verla follando.

– ¿Dónde la has encontrado?

– Dewey y Bach, contables de algo llamado California Tax Franchise Board; se encargaron ellos de auditarla. Aquí está toda la info. Tengo todo lo que necesitamos para prepararlo. Luego controlé su web: Mandy For Ya punto com. Es una zorra de piernas largas. Es nuestro tipo.



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