
– Suenas exactamente como mi padre -sonrió-. Creció en Nueva York y se convirtió en agente de bolsa de Wall Street. Después de un tiempo, se sintió encorsetado por la tensión del trabajo, pero no era capaz de ver una salida.
»Al venir a Yellowstone durante unas vacaciones, dijo que sabía que había encontrado el paraíso. Se trasladó aquí e invirtió todo el dinero que pudo reunir para entrar en el negocio de Ted Wilson. Al nacer yo, Ted se jubiló y mi padre le compró su mitad del negocio y le cambió el nombre a Longley. Jamás lamentó la decisión. Según él, lo convirtió en un hombre nuevo.
»Fue aquí donde conoció a mi madre y se casó con ella. La gente que lo conocía de Nueva York no pudo creer el cambio que había experimentado cuando venía a visitarlo. Al final se sintió satisfecho.
– Conozco la sensación -Vance asintió-. Me habría gustado conocer a tu padre. Parece que teníamos muchas cosas en común. Cuando un funcionario de la oficina del marshal federal de Great Falls me sugirió que el puesto de marshal podía ser justo lo que buscaba un renegado como yo, lo investigué y descubrí que tenía razón. Desde entonces estoy en el departamento del marshal.
– Mientras seas feliz, no importa nada más.
– Amén. Y bien, ¿Brooke Longley es feliz dirigiendo el negocio de su padre?
Cuando exhibía esa sonrisa devastadora, a Brooke el corazón le daba un vuelco. «No. Esto no puede estar sucediendo. No puede ser. ¡No cuando me he prometido que nunca más!»
– Sí y no. Fui hija única y nací tarde en el matrimonio de mis padres; casi siempre he vivido en West Yellowstone. Me gradué en literatura inglesa en la Universidad de Wyoming. Cuando surgió la oportunidad de enseñar inglés un año en Japón, la aproveché. Pero al volver, descubrí que mi madre había enfermado de neumonía. En esas circunstancias, dejé de tratar de encontrar un puesto de profesora permanente en Montana para poder cuidar de ella.
