Al parecer se habían producido algunos accidentes de coche en la carretera y en ese momento los caminos se hallaban cerrados en todas las direcciones. Los patrulleros disponibles se encontraban ocupados. Lo que pensaba hacer era transmitir la información a la policía estatal.

A Julia se le pagaba para pensar deprisa y tomar la decisión acertada. Al ser Nochebuena, Brooke alabó la sabiduría de su amiga. Como en West Yellowstone no había hospital y los caminos estaban cerrados, su casa era el mejor lugar para ocuparse de las necesidades de Sarah. En una zona remota como esa, en particular en invierno, lo práctico resultaba tan importante como la letra de la ley.

– Quienquiera que sea ese Charlie… -a Brooke le tembló la voz-… ha traumatizado a esta niña y debería pagar por lo que ha hecho.

– Estoy de acuerdo -convino Julia con igual crispación-. Pobrecita. Tuvo suerte de que la encontraras. Si alguien es capaz de hacer que una niña se sienta mejor, esa eres tú. Me mantendré en contacto. Cuando salga de trabajar, Kyle y yo pasaremos por tu casa a ver si podemos ayudarte en algo.

– Sería maravilloso -le dio las gracias a su amiga, colgó y volvió a tomar a Sarah en brazos-. ¿Te gustaría venir conmigo a casa esta noche? No se encuentra muy lejos de aquí. Cenaremos algo rico. ¿Te parece bien? -Sarah asintió-. Antes de que nos vayamos necesitamos buscarte ropa. Puedes elegir lo que más te guste.

Resultó evidente que a la pequeña jamás se le había permitido elegir qué ponerse. Al principio no pareció entenderlo, pero después de que Brooke insistiera, escogió una camisa roja de lana, vaqueros, calcetines, botas vaqueras, un anorak de estilo vaquero con gorra y guantes de esquí. Mientras se ponía la ropa nueva, Brooke guardó algunos otros artículos en una bolsa.

Cuando Sarah terminó de vestirse, le dijo:

– Tengo el coche justo afuera. Va a estar frío antes de que pueda calentarlo, así que creo que nos llevaremos la manta. ¿Estás lista?



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