Mientras Sarah meditaba en lo que Brooke consideró una explicación menos que adecuada, puso una cinta con grabaciones de villancicos. La casa se llenó de música. Sarah la recompensó con una sonrisa dulce.

– ¿Podemos dormir junto al niño Jesús toda la noche?

– Si lo deseas -sintió un nudo en la garganta-. Encenderé un fuego, luego iremos a la cocina y prepararemos la cena. Espero que te gusten las patatas gratinadas. Anoche hice mucha comida. Solo tenemos que calentarla y podremos comerla.

La niña dio un salto al lado de Brooke, como alguien muy feliz.

Mientras Sarah ponía la mesa siguiendo las instrucciones de Brooke, esta calentó la comida y un poco de zumo de manzana con palitos de canela y clavos. Al rato estuvieron listas para empezar.

Sarah había comenzado su segunda ración de patatas cuando Brooke oyó que llamaban a la puerta. El miedo en los ojos de la pequeña se tornó tangible.

– ¡Qui… quizá sea Charlie! -gritó antes de soltar el tenedor. Abandonó la silla, corrió al lado de Brooke y se agarró a ella-. No dejes que me lleve.

Brooke le apretó el hombro para ocultar su propio temor.

– Lo más probable es que sean mi amiga Julia y su marido. Dijeron que iban a pasar a vernos.

Julia había dejado bien claro que la policía no podría presentarse como mínimo antes del día siguiente. Aunque Brooke sabía que sus amigos iban a pasar, parecía demasiado pronto para que hubieran llegado. A menos que hubieran salido antes de lo planeado. Brooke supuso que podía ser un vecino, aunque le pareció improbable, ya que se hallarían en casa o en la fiesta de los Garnett.

Existía la posibilidad de que el monstruo hubiera seguido a Sarah.

– Charlie no tendrá la posibilidad de lastimarte -juró con un susurro intenso-. Pero, para estar seguras, quédate aquí mientras averiguo de quién se trata.

Por una vez, la pequeña no intentó seguirla.

Con el corazón desbocado, entró en el salón. Por un sentido de la supervivencia, dio un rodeo hasta la chimenea para buscar el rifle de caza de su padre, que estaba cargado. Conocía el manejo de las armas ya que había disparado con su padre. Él siempre la había felicitado por su magnífica puntería. Aunque Brooke no cazaba, agradeció que la hubiera enseñado a disparar.



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