Marc Levy


La primera noche

Continuación de "El primer día"


A Pauline y a Louis

Cada uno de nosotros tiene algo de Robinsón con

un nuevo mundo por descubrir y un Viernes por

conocer

ELEONORE WOOLFIELD

Esta historia es verdad puesto que la he inventado.

BORIS VIAN


Me llamo Walter Glencorse, soy gestor de la Real Academia de las Ciencias de Londres. Conocía Adrian hace algo menos de un año cuando fue repatriado de urgencia a Inglaterra desde el observatorio astronómico de Atacama, en Chile, donde se dedicaba a explorar el cielo en busca de la estrella original.

Adrian es un astrofísico de enorme talento y con el paso del tiempo nos hemos hecho muy buenos amigos.

Como él soñaba con una única cosa, proseguir su investigación sobre el origen del Universo, y yo por mi parte me encontraba en una situación profesional delicada, pues mi gestión presupuestaria era desastrosa, lo convencí para que se presentara ante el jurado de una fundación científica que convocaba en Londres un concurso que premiaba generosamente al ganador.

Repasamos la presentación de su proyecto durante semanas enteras, en el transcurso de las cuales nació entre nosotros una bonita amistad, pero ya he dicho antes que éramos amigos, ¿verdad?

No ganamos el concurso, y el premio le fue concedido a una joven, una arqueóloga tan impetuosa como decidida. Dirigía una campaña de excavaciones en el valle del Omo, en Etiopía, cuando una tormenta de arena arrasó su campamento y la obligó a regresar a Francia.

La noche en que todo empezó, ella también se encontraba en Londres con la esperanza de ganar el premio y poder así volver a África para proseguir su investigación sobre el origen de la humanidad.



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