
Los monjes del monte Llua Shan se encontraban en la orilla del río Amarillo cuando el 4 x 4 de Keira y Adrian se hundió. Tres de ellos se tiraron al río para rescatarlos de las tumultuosas aguas. Sacaron a Adrian el primero, y unos obreros que pasaban por ahí en un camión lo llevaron de urgencia al hospital. Ivory conocía el resto de la historia, había ido a China para ocuparse de él y había llevado a cabo los trámites necesarios para su repatriación. En cuanto a Keira, las cosas habían salido de otra manera. Los monjes habían tenido que zambullirse tres veces hasta lograr liberarla del todoterreno, que se hundía. Cuando lograron sacarla a tierra firme, el camión ya se había ido. La llevaron inconsciente hasta el monasterio. El lama no tardó en enterarse de que quienes habían ordenado el intento de asesinato pertenecían a una tríada de la región cuyas ramificaciones se extendían hasta Pekín. Ocultó a Keira y sufrió la agresión de unos individuos violentos que le hicieron una visita unos días más tarde. Les juró que, si bien era cierto que sus discípulos se habían tirado al agua para tratar de salvar a los occidentales de morir ahogados, no habían podido hacer nada por la joven, que se había hundido con el todoterreno. Los tres monjes que la habían socorrido sufrieron el mismo interrogatorio, pero ninguno habló. Keira estuvo diez días entrando y saliendo del coma, una infección retrasó su recuperación, pero los monjes lograron salvarla.
Cuando se restableció y recuperó fuerzas para viajar, el lama la envió lejos de su monasterio, donde todavía cabía el peligro de que vinieran a buscarla. Había previsto disfrazarla de monje hasta que las cosas se calmaran.
– ¿Y qué pasó después? -le preguntó Ivory.
– No se lo va a creer -contestó Lorenzo-, porque el caso es que, por desgracia, el plan del lama no salió en absoluto como él tenía previsto.
La conversación duró aún diez minutos. Cuando Ivory colgó, no le quedaba nada de saldo en su tarjeta telefónica. Se precipitó a su hotel, hizo su equipaje de prisa y corriendo y cogió un taxi sin más dilación. De camino llamó a Walter con su móvil para avisarle de que se reunía con él.