Al sentir su cuerpo robusto contra el suyo, Cleo se quedó sin respiración. Abrió la boca para tomar aire, lo que la dejó indefensa. Ésa fue al menos la explicación que se dio a sí misma al rendirse cuando él colocó la boca sobre la suya.

Atrapada en aquel momento de pasión obnubilado, pensó algo mareada que había pasado mucho tiempo. Todos los nervios de su cuerpo se encendieron ante aquella oleada de calor sensual. Le entraron ganas de quitarse la ropa y permitir que él la acariciara por todas partes.

Sadik la besó con más firmeza y luego le recorrió el labio inferior con la lengua. Ella sintió escalofríos recorriéndole los brazos. Sus senos, tan sensibles, se hincharon provocándole cierta incomodidad. Y eso que ni siquiera le había metido la lengua en la boca. No se veía con fuerzas para resistir.

Como si le hubiera leído la mente, Sadik se introdujo dentro de su boca. Al primer contacto supo que estaba perdida. Recordó de golpe el ritmo familiar de su danza íntima. La pasión de antaño se unió al deseo del momento, intensificando la sensación, atrayéndola sin remedio hacia él.

Cleo se le colgó de los hombros e, incapaz de detenerse, le acarició con los dedos el cabello. Podía aspirar el aroma de su cuerpo, sentir su calor, su deseo. El hecho de imaginárselo dentro de ella la hacía sudar de excitación.

Cuando Sadik le colocó las manos en las caderas, ella sintió que desfallecía. En cuestión de segundos estaría perdida. Él la besó con más pasión todavía al tiempo que subía las manos desde su cintura hasta su caja torácica.

Varios pensamientos fugaces atravesaron la mente de Cleo al mismo tiempo. Por un lado, no podía correr el riesgo emocional de entregarse a él. Por otro lado, si seguía tocándola, tal vez descubriera los cambios que habían tenido lugar en su cuerpo. Y por último, que su desequilibrio hormonal le provocara una crisis de llanto en cuestión de segundos.



10 из 116