– ¿Cuándo piensas disculparte por haberte ido de mi cama? -le preguntó.

Aquella pregunta la pilló por sorpresa. Cleo se lo quedó mirando fijamente durante unos segundos mientras aquellas palabras le daban vueltas en la cabeza. ¿Acaso estaba loco?

– No tengo nada de qué disculparme. Estaba preparada para terminar con aquello así que me marché.

– Ninguna mujer se marcha de mi cama sin que yo se lo pida -respondió Sadik apretando la mandíbula.

– Al parecer eso no es completamente cierto -aseguró ella, enfurecida ante tanta arrogancia-. Yo sí lo hice. Y ya que hablamos de disculpas, ¿dónde está la mía?

– ¿Por qué debería yo disculparme? -preguntó Sadik apretando todavía más los dientes.

– No me sorprende que no lo sepas -murmuró ella casi para sí misma-. Es algo típicamente masculino -aseguró cruzándose de brazos y mirándolo fijamente-. Me regalaste joyas, Sadik. Después de hacer el amor conmigo me hiciste regalos muy caros. Para el caso fue como si me hubieras dejado dinero en la mesilla de noche. Tal vez yo no sea una princesa de sangre azul, pero eso no te da derecho a intentar pagarme por mis servicios.

Cleo tuvo la satisfacción de ver a Sadik completamente desconcertado. Apretó todavía más la mandíbula durante unos instantes antes de abrir la boca para hablar.

– Esos regalos no eran un pago -aseguró tratando claramente de controlar la furia-. Eran la expresión de lo honrado que me sentía por el tesoro que se me había ofrecido.

Cleo tuvo que repasar mentalmente aquella frase un par de veces antes de que cobrara sentido para ella. ¿Al decir tesoro quería decir sexo?

– Por si acaso no te habías dado cuenta te diré que no era virgen. Allí no había ningún tesoro. Algo que tú por cierto ya sabías porque hablamos de eso antes de…

Sadik la besó. Cleo no se lo esperaba y él actuó tan deprisa que no tuvo tiempo de prepararse. Un segundo antes estaban hablando y de pronto la tomó entre sus brazos y la atrajo hacia sí.



9 из 116