
Cleo creyó firmemente que había conseguido atravesar la coraza de la arrogancia y había llegado hasta el hombre que había debajo. Se convenció a sí misma de que era importante para él. Y se había equivocado en ambas cosas.
– Ven conmigo esta noche -le susurró Sadik al oído-. Podemos redescubrir juntos el paraíso.
Cleo estuvo a punto de caer en la tentación. Saber que él la deseaba le daba alas para dejarse llevar. Estar cerca de Sadik la hacía olvidar las cosas importantes. Se tomó unos segundos para tratar de convencerse de que no pasaba nada por ser débil, pero enseguida recordó lo que estaba en juego.
Hizo todo lo posible por parecer aburrida cuando levantó los ojos para mirarlo.
– Me siento muy halagada, pero será mejor que no. Eres un tipo estupendo, Sadik, de verdad, pero es que he conocido a alguien. Empezamos a salir juntos poco después de que yo regresara a Spokane.
– ¿Hay otro hombre en tu vida? -preguntó Sadik alzando las cejas -. ¿Cómo se llama?
A Cleo se le quedó la mente completamente en blanco. Tenía que pensar en un nombre. En cualquiera.
– Rick. Es fontanero -aseguró sin pestañear-. Es un hombre maravilloso. Fue amor a primera vista, en cuanto nos conocimos. De verdad. Allí, justo delante del fregadero de mi cocina – dijo abriendo mucho los ojos para dar sensación de sinceridad.
– Tu hermana no me ha mencionado nada de ningún Rick -murmuró el Príncipe con gesto de no parecer convencido.
– No le he contado nada. Zara está tan metida en el asunto de la boda y todo lo demás que no quería distraerla – aseguró Cleo tragando saliva.
No se le daba nada bien mentir. Tal vez tendría que haber practicado un poco más.
– ¿Y vas en serio con ese tal Rick?
– Eh… estamos prácticamente comprometidos.
Sadik inclinó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Cleo sintió deseos de clavarle uno de sus afiladísimos tacones en la espinilla.
