Harlan Coben


La promesa

Título original: Promise Me, 2006

Traducción de Esther Roig

Para Charlotte, Ben, Will y Eve.

Sois unos demonios, pero siempre seréis mi mundo.


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La chica desaparecida -no habían cesado de dar la noticia, sacando siempre aquella fotografía escolar angustiosamente corriente de la adolescente desaparecida, ya sabes cuál, con un fondo de arco iris ondulante, los cabellos demasiado lisos, la sonrisa demasiado afectada, y después una instantánea rápida de los preocupados padres en el jardín, rodeados de micrófonos, la madre en silencio y llorosa, el padre leyendo una declaración con labios temblorosos-, esa chica, esa chica desaparecida, acababa de pasar al lado de Edna Skylar.

Edna se quedó clavada en el sitio.

Stanley, su marido, dio unos pasos más hasta que se dio cuenta de que su esposa ya no estaba a su lado. Se volvió.

– Edna.

Estaban cerca de la esquina de la Calle 21 y la Octava Avenida de Nueva York. No había tráfico esa mañana de sábado, pero muchos peatones. La chica desaparecida se dirigía a la parte alta de la ciudad.

Stanley soltó un suspiro de fatiga.

– ¿Y ahora qué?

– Calla.

Tenía que pensar. La fotografía de colegiala de la chica con el arco iris ondulante al fondo… Edna cerró los ojos. Tenía que evocar la imagen en su cabeza. Comparar y contrastar.

En la foto, la chica desaparecida tenía los cabellos largos y de un color castaño apagado. La mujer que acababa de pasar -mujer, no chica, porque la que acababa de pasar parecía mayor, pero tal vez la foto también era antigua- era pelirroja y llevaba los cabellos cortos y ondulados. La chica de la foto no llevaba gafas. La que se dirigía al norte por la Octava Avenida llevaba unas gafas de última moda, con la montura oscura y rectangular. Su ropa y su maquillaje eran más de persona mayor, a falta de una definición mejor.



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