Los labios de Tristan se curvaron hacia abajo.

– Algo así.

Christian desvió la atención de Prinny y su corte para examinar a los demás invitados que atestaban la sala circular. Había una multitud totalmente masculina, compuesta por representantes de los regimientos y secciones más importantes de las fuerzas armadas que habían combatido recientemente; la estancia era un mar de coloridos uniformes, galones, pulido cuero, pieles e incluso plumas.

– Es revelador que decidiera organizar esta especie de recepción de una victoria en Brighton en lugar de en Londres, ¿no crees? Me pregunto si Dalziel habrá tenido algo que ver en ello.

– Por lo que he podido saber, nuestro príncipe no es muy apreciado en Londres, pero parece que nuestro antiguo comandante no ha asumido ningún riesgo con los nombres que proporcionó para la lista de invitados de esta noche.

– ¿Oh?

Hablaban en voz baja. Por costumbre, simulaban que su conversación no era más que un educado intercambio de impresiones entre conocidos. Los viejos hábitos no se perdían fácilmente, sobre todo porque, hasta hacía poco, dichas prácticas habían sido esenciales para mantenerse con vida.

Tristan sonrió levemente e ignoró a un caballero que miró en su dirección; el hombre decidió no inmiscuirse.

– He visto a Deverell en la mesa, no estaba sentado muy lejos de mí. Ha mencionado que Warnefleet y St. Austell también están aquí.

– Puedes añadir a Tregarth y a Blake, los he visto al llegar… -Christian dejó la frase sin acabar-. Ah, ya veo. ¿Dalziel sólo ha permitido que apareciéramos los que ya estamos retirados?

Tristan le hizo una señal; la sonrisa que nunca desaparecía del todo de sus labios se amplió.

– ¿Puedes imaginar a Dalziel permitiendo que Prinny identifique a los más secretos de sus espías secretos?



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