Jack Warnefleet se rió, aunque no con humor exactamente.

– De un modo totalmente inesperado, yo también me he unido al club. El título lo esperaba, pues era de mi padre, pero las casas y el dinero me han llegado a través de una tía abuela cuya existencia yo no conocía, así que ahora me han informado de que estoy en la lista de solteros más cotizados y que me veré acosado hasta que me rinda y acepte una esposa.

– Moi, aussi. -Gervase Tregarth le hizo un gesto a Jack con la cabeza-. En mi caso, fue un primo que sucumbió a los vicios y murió ridículamente joven, así que ahora soy el conde de Crowhurst, con una casa en Londres que ni siquiera he visto y una necesidad, según se me ha informado, de hacerme con una esposa y un heredero, dado que soy el último en la línea de sucesión.

Tony Blake emitió un gruñido desdeñoso.

– Al menos tú no tienes una madre francesa. Créeme, en lo referente a acosar a uno para que pase por el altar, no tienen rival.

– Beberé por eso. -Charles levantó su jarra hacia Tony-. Pero ¿significa eso que tú también has regresado a estas tierras para descubrirte cargado de responsabilidades?

Tony arrugó la nariz.

– Por cortesía de mi padre, me he convertido en vizconde de Torrington. Había albergado la esperanza de que aún pasarían años… -Se encogió de hombros-. Lo que no sabía es que, a lo largo de la última década, mi padre se había interesado por diversas inversiones. Yo esperaba heredar un sustento decente, pero no una gran fortuna. Y luego, descubro que toda la buena sociedad lo sabe. De camino aquí, me detuve en la ciudad para visitar a mi madrina. -Se estremeció-. Aquello casi fue acoso. Algo horrible.



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