
Jake pensó que quizá Kirsty había dicho la verdad. Le pareció que la situación podía llegar a ser excelente. Angus le había tenido mucho cariño a Rory, y la viuda de éste estaba en la puerta del castillo. Y si se parecía a su hermana, ambas podían suponer una ráfaga de aire fresco en aquel lugar. Una ráfaga de vida.
– Están esperando fuera -dijo-. Les dije que me dieran un minuto.
– ¿Quién? -Angus parecía perdido y confuso.
– La viuda de Rory y su hermana.
– La viuda de Rory -repitió Angus.
– Eso parece.
– Kenneth no me dijo que él hubiera estado casado.
– Quizá Kenneth no lo sabía.
Angus pensó sobre ello y asintió con la cabeza, comprendiendo lo que Jake quería decir.
– Sí, quizá no lo sabía. Rory aprendió muy pronto que en lo relativo a Kenneth era mejor guardarse las cosas para sí.
– ¿Te gustaría verlas?
– Me gustaría verlas.
– ¿Podrías dejar que se quedaran a dormir esta noche? -Preguntó Jake tentativamente.
El conde lo pensó. Se quedó mirando el jardín a través de la ventana.
– La viuda de Rory -susurró por fin-. ¿Cómo es?
– No lo sé -dijo Jake-. Sólo he conocido a la hermana. Kirsty. Parece… que tiene mucho temperamento.
– ¿Qué significa «temperamento»?
– Supongo que significa que es una persona «viva» -admitió Jake.
Angus comenzó a reír, pero su risa se convirtió en tos. Pero cuando se recuperó, todavía tenía el brillo de la sonrisa reflejado en la cara.
– Bueno, bueno. Señales de vida. Esa esposa tuya ha estado fuera durante demasiado tiempo.
– Angus…
– Ya lo sé. No es asunto mío. ¿Dices que estas mujeres están en la puerta?
– Sí. Si te parece bien, iré a dejarlas entrar.
– ¿Crees que deberían quedarse aquí?
