
– ¿Qué tenemos aquí? -Jake sujetó a Susie por los hombros para que no se moviera-. ¿Puede quedarse quieta hasta que yo sepa lo que le pasa? No quiero que se haga más daño.
– Se partió la séptima vértebra en un accidente de tráfico hace cinco meses -dijo Kirsty, con el miedo reflejado en la voz-. Parálisis incompleta, pero ha recuperado la sensibilidad.
– Puedo andar -dijo Susie.
– Con muletas -aclaró Kirsty sin soltar a su hermana-. Pero no durante mucho tiempo. Todavía tiene debilidad en la pierna y pérdida de sensibilidad. Permítame ir a por mi bolso. Me puedo levantar -murmuró Susie.
Jake le acarició la mejilla para tranquilizarla.
– No tardaré mucho, pero necesito estar seguro de que do se va a hacer más daño al moverse.
Tardó sólo unos segundos en regresar y en arrodillarse frente a Susie de nuevo. Comprobó que su pulso fuera constante y miró a Kirsty, que estaba aún más pálida que su hermana.
– Voy a recorrer su espina dorsal con mis dedos -le dijo a Susie-. Me imagino que se habrá tenido que someter a tantas revisiones médicas en los últimos meses, que sabrá qué y dónde es lo que tiene que sentir. Quiero que me diga si nota algo diferente. Lo que sea.
– Necesitamos ayuda -espetó Kirsty-. Necesitamos inmovilizarla hasta que se le haga una radiografía. Quiero una camilla y una ambulancia que nos traslade al hospital más próximo.
– Su hermana se fracturó la vértebra hace cinco meses -dijo él con delicadeza-. Los huesos deberían estar completamente soldados.
– Usted no es traumatólogo.
– No, pero sé lo que hago. Y este fango es blando.
– Hurra por el fango blando -dijo entre dientes Susie-. Y hurra por un médico con sentido común. Está bien, doctor cualquiera que sea su nombre, compruébeme la espina dorsal para que así me pueda levantar.
– Susie… -dijo Kirsty, preocupada.
