
– Oiga -dijo Kirsty-. Póngala aquí.
– La silla está húmeda -dijo él lleno de razón.
– No puede llevarla.
– ¿Por qué no?
– Deberías decir: «suelte a mi hermana, señor» -le dijo Susie a su hermana.
Kirsty se quedó con los ojos abiertos como platos. Parecía que no estaba acostumbrada a que su hermana siquiera hablara, por no mencionar que bromeara.
– Mi estupidez con el coche os bloqueó el camino -le dijo Jake a Kirsty, dirigiéndole una mirada tranquilizadora. Le estaba pidiendo que se relajara.
– Bueno, si cree que puede soportar el peso…
Kirsty estaba tratando de sonreír, pero Jake podía notar lo tensa que estaba.
– Los médicos australianos somos muy fuertes.
– ¿Los médicos australianos tienen que entrenar levantando pesas?
– Es parte de nuestro entrenamiento… justo tras aprender dónde están los pulmones. Pero si quiere ver a alguien fuerte… tengo entendido que el hombre al que están a punto de conocer fue un campeón sin precedente de lanzamiento de troncos cuando era joven. Nuestro lord Angus es pequeño pero fuerte.
– ¿Y cómo se lanzan los troncos? -Preguntó Susie, desconcertada.
– ¿Quién sabe? Eso es un secreto escocés. No sé de esas cosas. Pero entre usted y yo, no creo que sea el mejor deporte para una mujer en su estado.
Susie se rió, y Kirsty dio un grito ahogado, imaginándose la situación, y los tres se dispusieron a entrar en el castillo de Loganaich.
* * *
Él había hecho que su hermana sonriera.
Kirsty ayudó a Susie a lavarse y desvestirse, la arropó entre las sábanas de la cama más lujosa que jamás hubiera visto, y se apartó para que Jake pudiese examinarla. Éste lo hizo a conciencia, como si tuviese todo el tiempo del mundo.
Él había hecho reír a Susie.
Normalmente, que la examinaran de aquella manera hubiera hecho que Susie se subiera por las paredes, pero en aquella ocasión lo toleró totalmente e incluso rió un poco más.
