
Nunca se reía aquellos días.
Aquel hombre bromeaba de una manera tan sutil que era justo lo que Susie necesitaba.
No. Él era lo que ella necesitaba. Por primera vez en meses la gran responsabilidad de la salud de su hermana había pasado a otra persona.
Quizá se podrían quedar allí durante un tiempo.
– ¿Cuándo comiste por última vez? -Estaba preguntando Jake a Susie.
Kirsty observó que Susie estaba en la cama, sonriendo al médico, ante lo que ella misma sonrió.
– ¿Cuándo comiste por última vez? -Volvió a preguntar Jake.
– Hum… al medio día. Hace cuatro o cinco horas -respondió Kirsty al ver que su hermana no lo hacía.
– ¿Y qué comiste, Susie?
– Un sándwich -respondió Susie.
Kirsty fue a decir algo, pero Jake la miró, pidiéndole con los ojos que guardara silencio.
– ¿Te comiste todo el sándwich, Susie?
– Yo…
– Dime la verdad -dijo él, sonriendo. Estaba claro que sabía la verdad.
– Me comí la mitad -susurró Susie-. Bueno, quizá un cuarto.
– ¿Hay alguna razón por la que no comes?
– Comer me hace sentir enferma.
– ¿Te ha ocurrido lo mismo desde que murió tu marido?
Se creó un silencio en la habitación. Aquella pregunta era casi impactante.
– Sí.
– ¿Has hablado con un profesional sobre tus problemas alimenticios?
– ¿Por qué debería hablar con nadie sobre ello? -Susurró Susie-. Kirsty insiste una y otra vez…
Kirsty fue a decir algo, pero de nuevo Jake le hizo callar con la mirada.
– ¿No te parece que el no comer sea un problema? -Preguntó el médico a Susie.
– No.
– ¿Es eso verdad? ¿No es un problema?
– La única persona que piensa que es un problema es Kirsty. Se preocupa. Es simplemente que no me apetece.
– Supongo que no te apetecen muchas cosas…
– En eso tienes razón -dijo Susie amargamente-. Pero la gente me insiste una y otra vez…
