– Sabes, Susie, creo que necesitas un descanso -dijo Jake con delicadeza-. Para empezar, tu presión sanguínea es más alta de lo que debería y necesitamos que baje a sus niveles adecuados.

– No voy a ir al hospital.

– No he sugerido que lo hagas -dijo él sin alterarse-. Pero si crees que puedes soportar vivir a lo pobre en este lugar durante un tiempo…

– ¿Aquí?

– Eres familia de Angus. Estoy seguro de que él estará encantado de tenerte aquí durante una semana o algo así. Voy a hablar con él sobre ello, ¿te parece? Pero mientras tanto, necesitas comer y después dormir.

– No tengo hambre.

– Sabes, estoy seguro de que sí tienes -dijo Jake-. Yo cocino la mejor tortilla del mundo.

– No comprendo -se quejó Susie.

– ¿Pero te comerás mi tortilla? Me dolería si no lo hicieras.

Kirsty pensó que ella misma le había preparado muchas comidas a Susie que ésta ni siquiera había probado. Miró a Jake y se percató de que él la estaba mirado con unos ojos grises que reflejaban calma.

– También prepararé para tu hermana -le dijo a Susie.

Kirsty se ruborizó.

– Yo me prepararé la cena -dijo ella-. Si el tío Angus dice que puedo hacerlo. Después de todo, éste es su castillo, ¿no es así?

– Desde luego que sí -dijo Jake con gravedad-. Susie, si nos perdonas, voy a presentarle a Angus a tu hermana. Te disculparemos. Lo podrás conocer por la mañana.


* * *

– ¿Con qué derecho…? -Kirsty estaba casi enmudecida, pero en cuanto salieron de la habitación recuperó el habla de una manera casi agobiante-. ¿Con qué derecho invita a Susie a que se quede un tiempo con un hombre que ni siquiera conoce? ¿Con un tío que se está muriendo? ¿Es usted su médico o su cuidador? ¿Quién es usted? ¿Y no tenía antes tanta prisa?

– Soy su médico y su amigo -dijo Jake-. Tenemos a nuestro alcance salvar tres vidas, doctora McMahon, y basándome en eso, ¿quién soy yo para quejarme por llegar más tarde de lo que ya lo voy a hacer?



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