
– Angus no usa oxígeno porque ha decidido morir -dijo Jake-. Como tu hermana. Como Susie.
– ¿Susie quiere morir? -Preguntó Angus, jadeando-. ¿La esposa de Rory quiere morir? ¿Por qué?
– Supongo que por la misma razón que tú -masculló Jake-. Porque no encuentra motivos para seguir adelante.
Entonces el conde comenzó a toser y Jake le tomó la mano, agarrándola con fuerza.
– Angus, déjanos ayudarte. Deja de ser tan testarudo.
Kirsty respiró profundamente y miró de reojo a Jake, decidiendo actuar.
– Usted sabe, por el aspecto que tiene, que si no toma oxígeno, podría morir durante la noche -dijo ella-. Susie ha viajado desde la otra parte del mundo para conocerlo. Estaría tan afligida.
– Yo no… no es probable que muera durante la noche.
Kirsty volvió a mirar a Jake, pero éste se había apartado, señal de su aprobación ante aquello.
– Jake le ha dicho que soy médico.
– Sí, demasiados de esa especie.
– Quiere decir que dos son demasiado -intervino Jake-. Hasta que usted llegó, yo era el único médico que había en cientos de millas. No sé por qué dice que hay demasiados médicos, cuando ni siquiera accede a ver a un especialista…
– No hay ningún motivo para hacerlo -jadeó Angus-. Me estoy muriendo.
– Así es -dijo Kirsty casi cordialmente-. ¿Pero no cree que morirse esta noche, cuando Susie ha recorrido todo ese camino para verlo, sería un poco egoísta por su parte?
A Kirsty le pareció oír que Jake se reía.
– ¿Egoísta? -Angus respiró con dificultad-. Yo no soy… yo no soy egoísta.
– Si deja que el doctor Cameron le administre oxígeno, sin duda vivirá hasta mañana. O incluso durante un año o más.
– No me moriré esta noche. No tendría tanta suerte.
– Tiene los labios azules. Eso es un signo muy malo.
– ¿Cómo lo sabe?
– Ya se lo he dicho; soy médico. Tengo la misma titulación que el doctor Cameron.
