
– ¿Jane? -insistió él posando una mano sobre su brazo. Su mirada era dolorosamente intensa.
– Prometido -dijo ella por fin.
– Gracias. Quizá ya que estás aquí podrías echar un vistazo a la casa -sugirió él de buen humor-. Podrías instalarte en la habitación que da al jardín. Caroline la diseñó para los invitados, tiene prácticamente todo lo que puedas necesitar.
Jane estuvo a punto de echarse a reír y decirle que no hacía falta llevar tan lejos lo de la relación platónica, pero el instinto le dijo que no era lo adecuado en aquel momento. Cuando había provocado aquella situación ya sabía que su corazón iba a tener que esperar, al igual que todo lo demás.
CAPITULO 3
Q
UÉ DICES que has hecho? Jane, cómodamente instalada en el sofá de su mejor amiga con una taza de té entre las manos repitió la noticia.
– Le he pedido a Mark Hilliard que se case conmigo. O al menos lo he manipulado para que me lo pida él a mí, que viene a ser lo mismo.
– ¿Cómo? Quizá pueda utilizar el método con Greg -bromeó Laine-. Contigo nunca se sabe, Jane. Sabía que estabas loca por él, pero que hubieran avanzado tanto las cosas… Tu madre estará feliz.
– No lo sabe. Nos casamos el martes en el juzgado. Solo estaremos los dos y dos testigos, y quería saber si Greg y tú querríais serlo.
– ¿Has perdido la cabeza? A tu madre le dará un infarto.
– Ya, pero esto no es exactamente un cuento de hadas. Por eso voy a contárselo el miércoles.
– Tú estás embarazada -dijo Laine súbitamente.
– Paso a paso, por favor. Para eso primero tiene que besarme -dijo Jane con una extraña sonrisa.
– Oh, no me lo puedo creer. Espero que sepas lo que estás haciendo.
¿Realmente lo sabía? Por la mañana estaba convencida, ¿pero y si seguía en la habitación de los invitados cuando cumplieran las bodas de plata? ¿Y si Mark nunca llegaba a verla como algo más que «la buena de Jane»?
