

Marc Levy
La química secreta de los encuentros
Título original: L’étrange voyage de Monsieur Daldry
© de la traducción, Juan Camargo, 2012
Las previsiones son difíciles de hacer,
sobre todo cuando conciernen al futuro.
PIERRE DAC
A Pauline
A Louis
A Georges
– Yo no creía en el destino, ni en las pequeñas señales de la vida que supuestamente nos muestran qué camino tomar. No creía en las historias de videntes, ni en cartas que predicen el futuro. Creía en la simplicidad de las coincidencias, en la verdad del azar.
– Entonces, ¿por qué emprender un viaje tan largo, por qué venir hasta aquí si no creías en nada de todo eso?
– Por culpa de un piano.
– ¿Un piano?
– Estaba desafinado, como esos viejos pianos de ragtime embarrancados en los comedores de los oficiales. Tenía algo peculiar, o quizá lo peculiar era el hombre que lo tocaba.
– ¿Quién lo tocaba?
– Mi vecino de rellano; bueno, no estoy segura del todo.
– ¿La razón de que estés aquí esta noche es que tu vecino tocaba el piano?
– En cierto modo. Cuando sus notas retumbaban por el hueco de la escalera, me daba cuenta de mi soledad; para huir de ella, acepté ir ese fin de semana a Brighton.
– Me lo tienes que contar todo desde el principio, lo veré todo más claro si me lo presentas en orden.
– Es una larga historia.
– No hay prisa. Hay viento marero, está a punto de llover -dijo Rafael acercándose a la ventana-. No me volveré a hacer a la mar hasta dentro de dos o tres días, como pronto. Voy a prepararnos un té y me contarás tu historia, y tienes que prometerme que no te olvidarás de ningún detalle. Si el secreto que me has confiado es cierto, si, a partir de ahora, estamos unidos para siempre, necesito saberlo.
