
– Solo fugazmente. Parecía…
Hassan se detuvo unos instantes para considerar el aspecto de Rose Fenton. Un poco agitada, quizá. El cuello con volantes de su blusa blanca había proporcionado un marco para un rostro que era un poco más delgado que la última vez que la vio en una emisión por satélite. Tal vez por eso sus ojos oscuros habían parecido tan grandes.
Había alzado la vista de un libro que sostenía y encontrado su mirada con franca curiosidad; había exhibido una expresión abierta que evitaba toda coquetería, aunque aun así había logrado transmitir la sugerencia de que recibiría de buen grado su compañía para pasar las horas tediosas en el aire.
La sinceridad lo obligó a conceder que se había sentido tentado, despierta su curiosidad por la presencia de ella en el avión privado de su primo. Y no era inmune al placer de la compañía de una mujer hermosa. En un momento determinado llegó tan lejos como para llamar al auxiliar de vuelo para que la invitara a unirse a él. En los pocos segundos que el hombre tardó en responder, había recuperado el sentido común.
Mezclarse con periodistas no era una buena idea. Nunca sabías qué iban a imprimir. O, más bien, sí lo sabías. Demasiado tarde había averiguado que era mucho más fácil ganar una reputación que perderla, en particular si encajaba con alguien que ocupaba una posición de jerarquía.
Y sin ninguna duda Abdullah se enteraría de cualquier conversación que hubieran compartido en cuanto el avión aterrizara. Que la vieran con él no la ayudaría en nada en los círculos de palacio.
Se dio cuenta de que Partridge aún aguardaba su respuesta.
– Bastante bien -repuso con irritación.
